sábado 21 de junio de 2008

La historia de los cómics en el cine: Los seriales (segunda parte)

Pero quizás uno de los seriales más populares de este período sea “Las aventuras del Capitan Marvel” (1941) basada en el popular personaje de la Fawcet Publications y su revista Whiz cómics. Publicado por primera vez en 1940 y luego absorbido por la DC cómics.

La historia nos cuenta las peripecias de un joven llamado Billy Batson que queda huérfano cuando sus padres, reconocidos arqueólogos, son asesinados por un ayudante inescrupuloso. El chico pasa mil penurias hasta que una noche un extraño misterioso (que luego se revelaría como el espíritu de su padre) lo lleva en un viaje muy particular en un tren adornado con jeroglíficos y runas, para presentarle al antiguo brujo Shazam, quién lo había elegido para convertirlo en su campeón. Al decir el nombre del brujo, un relámpago transforma al adolescente en el Capital Marvel: un héroe poseedor de la sabiduría de Salomón, la fuerza de Hércules, la resistencia de Atlas, el poder de Zeus, el coraje de Aquiles y la velocidad de Mercurio. No es casual que las iniciales formen la palabra que tiene que pronunciar para convertirse en el héroe: ¡SHAZAM!
En los capítulos de la serie cinematográfica uno
de sus más enconados enemigos es el malvado Escorpión, cuya ambición no conoce límites. Este escorpión se equipara en maldad a un personaje real y funesto que estaba haciendo estragos en Europa.

Otro gran héroe de historietas que llega a la pantalla para defender a América del terror germánico es Batman, la creación de Bob Kane que viera la luz en el número 27 de Detective Cómics (DC) en mayo de 1939. La versión serial tuvo dos oportunidades de llegar a la pantalla, una en 1943 y luego nuevamente en 1949. Pero tendría que esperar a la versión televisiva de los 60 para trascender realmente, aunque de una manera muy humorística. Y esperar a la llegada de Tim Burton y Christopher Nolan, para lograr la madurez que el personaje merecía en el celuloide pero eso será para otra nota, una muy especial.

La lista de personajes llevados al cine es inmensa: Green Hornet, el Avispón verde, tiene su serie en 1939, la misma época que The Shadow. 1943 es también el año de The Phantom, 1944 Capitán América llega a la pantalla.

Un personaje que surgiera en el número uno de Action Cómics, en junio de 1938, tendría su primer serie en 1942. Me refiero a Superman, si no se impacientan en breve podrán leer un especial sobre toda la trayectoria cinematográfica de este personaje “integrado” en el blog de mi gran amigo el Profesor Cavan. Este blog se reserva el espacio más bien para los “apocalípticos”. Estén atentos y visiten El Gabinete. Porque esto recién empieza.



viernes 20 de junio de 2008

La historia de los cómics en el cine: Los seriales (primera parte)

A pesar de que parece muy reciente la relación tan directa del cine con el cómic, esta historia arranca muy atrás en el tiempo. En la década de los 30, en el siglo XX, (que viejo me hace decir esto) existieron unas peculiares producciones, cortometrajes de bajo presupuesto, que se exhibían por jornadas con un extraordinario éxito de público. Los seriales tenían en su mayoría una fuente literaria bien definida, los pulps o revista de papel de pulpa y otra de carácter sonoro que se relacionaba estrechamente con el cine: la radionovela. Estas películas episódicas llenaron las pantallas de la época de héroes siderales en eterno combate con el maléfico poder de sabios enloquecidos con intenciones de adueñarse de la Tierra.


En el año 1936 llegó a las pantallas un título fundamental. Basado en el genial cómic de Alex Raymond, Flash Gordon no sólo fue el serial más caro realizado hasta entonces, sino también uno de los de mejor calidad, tanto en interpretación como en la dirección, a cargo de Frederick Sthepani.

El argumento arrancaba de la misma forma que el cómic, cuando el héroe ayudado por Dale Arden y el doctor Harkov, se propone evitar que el planeta Mongo colisione con la Tierra y la destruya. Llegan en una nave a su objetivo, pero pronto caen en las garras de Ming, el desalmado emperador que pretende dominar el Universo. La película sigue muy de cerca el desarrollo argumental, tanto como la estética de la obra de Raymond.

El auge del cómic de ciencia ficción llegó en 1929, gracias a la publicación de Buck Rogers en el siglo XXV, de Dick Calkins y Phil Nowlan, adaptación al cómic de una novela del propio Nowlan “Armaggedon 2419 AD”

Gracias al éxito de Buck Rogers nacieron personajes como Brick Bradford de William Ritt y Clarence Cray en 1933, que tuvo su versión cinematográfica en 1948 y el mismísimo Flash Gordon en 1934. Constantes habituales de estos héroes intergalácticos son, aparte de su coraje a prueba de todo, la compañía de una novia eterna, la enemistad de un perverso aristócrata, con frecuencia oriental (de los cuales sin lugar a dudas Fu Manchu, salido de la pluma de Sax Rommer, es el icono máximo) y un sin fin de naves estelares, pistolas de rayos y alienígenas. La versión seriada de Buck Rogers llegó a las pantallas en el año 1938 y un dato no menor para definir lo estereotipado de los personajes es que el mismo actor que hacía de Flash Gordon, hizo también de Buck Rogers: Larry “Búster” Crabbe, inclusive mucho material rodado para una serie fue utilizado para algunas escenas de la otra.

jueves 19 de junio de 2008

Una nueva invitación al "Taller de Creación Literaria

Nuevos rumbos, nuevas fronteras. El “Taller de creación literaria.” crece y se expande. Los invitó a compartir la charla de presentación con la intención de hacerlos partícipes de un nuevo comienzo de un proyecto que pretende, lúdicamente, acercarlos a descubrir facetas diferentes de autoconocimiento a través del uso de las palabras.

Una aproximación a nuevas maneras de ver y sentir todo aquello que nos rodea. La escritura, al igual que toda expresión artística, nos permite abrir puertas inexploradas y encontrar distintas formas de percepción.

A todos aquellos que tengan ganas de transitar este camino como una forma de experimentación, que sientan que la semilla de la escritura esta deseosa de germinar y florecer en su interior, los esperamos para que puedan conocer a fondo todo lo concerniente al desarrollo de este taller que por medio de ejercicios y juegos, tiene la humilde intención de permitirles descubrir sus capacidades y limitaciones en este campo eternamente fértil de la palabra.

Los esperamos el jueves 03 de julio a las 18:30 en 33 MONTEVIDEO. Una nueva opción en lo que a libros se refiere. En San José 1448 Esq. Barrios Amorín. Compartiremos un espacio, un breve lapso de tiempo, que esperamos genere en ustedes el punto de partida en un recorrido que estará lleno de sorpresas.

Gustavo Aguilera

PD: por cualquier consulta referente al taller, o para reservar su lugar, pueden comunicarse a 33 MONTEVIDEO al 908 92 62 o escribirnos a: 33montevideo@gmail.com o cartarum@montevideo.com.uy . Cupos limitados.

domingo 1 de junio de 2008

Perdido & encontrado

Después de meses de andar perdido y dedicarle poco tiempo a este bendito espacio que tantas satisfacciones me esta dando. Vuelvo a él agradecido y con ganas de retomar la costumbre de publicar. Colgué una suerte de votación para dar un avance de lo que vendrá:

Voten por lo que consideren su película basada en un cómic favorita, pueden meter hasta 3 votos.

La fecha que termina la encuesta es más o menos cuando se estrene la nueva película de Batman de Chistopher Nolan. Las siguientes notas serán un repaso a la historia del cómic en el cine. Desde los seriales de los años 30, hasta Iron Man y lo que vendrá.

Pero estas notas tendrán un color diferente. Cada nota publicada aquí estará relacionada con otra publicada en EL GABINETE, el blog de mi querido e inefable amigo el PROFESOR CAVAN. ¡¡¡En un esfuerzo conjunto para hacerlos leer más!!! ¡Ja,ja!

A aquellos que sigan por acá dando vueltas esperamos tenerlos entretenidos e informados sobre un montón de cosas que les importan a muy pocos o de las que muy pocos conocen. Pero de eso se trata esto de ser bloguero, de abrir caminos a nuevas sensibilidades y visiones distintas; de respetar en la diversidad y pluralidad, y de aprender y compartir nuevas experiencias cada día. Para que todos aquellos que nos perdemos y nos encontramos a diario con nosotros mismos sepamos que hay más gente realizando este viaje. Bueno antes de que me delire con filosofía barata y zapatos de goma, me despido hasta la siguiente nota.

04--03--08 Dream Theater en el Luna Park ¡¡INCREIBLE!!

Llegamos a Argentina con mi hermano y un amigo, los dos se llaman Alejandro. Gracias a un amigo que hicimos por Internet y se la jugó por nosotros ya teníamos las entradas esperándonos. Emiliano, así se llama este chico argentino que pagó de su bolsillo y confió en nosotros. Según su pensar, a él le hubiese gustado que si la situación fuera al revés alguien comprara sus entradas y confiara. La música anula fronteras y aúna multitudes. Gracias Emiliano, espero que alguna vez podamos de algún modo corresponder tu confianza y gesto de amistad.

llegó la hora de la verdad, estar frente a frente con un artista o banda, que uno disfruta mucho a través de sus discos; es el momento culminante para confirmar o cuestionarse todo lo referente a su música. Es el instante donde sentís cuan real es la conexión que tenés con ellos y su obra.

Luego de la banda telonera, se encienden las pantallas gigantes y los acordes de “Así habló Zarathustra” empiezan a sonar; los portadores del sueño entran a escena y desde su último trabajo “Systematic Chaos” (2007) los primeros acordes de “Constant motion” se dejan oír. Pequeños problemas con el sonido al inicio de la canción se subsanan rápidamente para dejar paso a la andanada de fuerza que avasalla el Luna. Un ritmo vertiginoso da lugar a un breve silencio que nos deja escuchar con lujo de detalle las bases intrincadas del bajo de John Myung, Esto desemboca en un riff potente y acerado. Sobre eso la voz inconfundible del histriónico James Labrie se abre paso con elegancia.

El estribillo casi rapeado recuerda por momentos la sonoridad de Faith No More. El solo incendiario de John Petrucci suena a War de Satriani. Y acá se empieza a ver la gran cualidad de la banda: la capacidad de sincretismo de todas las vertientes de donde surge su música, para crear algo nuevo y arriesgado. Cada canción es una montaña rusa llena de emociones. Los sonidos progresivos del teclado de Jordan Rudess dan inicio al siguiente tema, y dejan entrever hacia donde toma el viaje, el disco es “Octavarium” (2005) y el tema “Never Enough.” Mike Portnoy arranca con una figura llena de tones para adentrarse en un ritmo sincopado. La base rítmica no da respiro ni deja espacios para el silencio. El vértigo sigue en aumento y seguimos viajando casi sin respiro. Llega el turno a una terna de canciones que dejan sin aliento y que para mí fueron lo mejor del recital: Desde uno de los discos más representativos de su carrera “Train of though” (2003), “Endless sacrifice”

La guitarra deja fluir acordes ominosos y serpenteantes, se suma el teclado doblando la apuesta con la melodía y el medio tempo de la batería y el bajo. La voz inunda el recinto y algo suena inminente. De la mano de otro mazazo de riff y un armónico parido por el Ñu metal la canción estalla haciendo temblar los cimientos del Luna. Las pantallas se convierten en un sexto integrante vital para la presentación, mostrando imágenes o planos directos de lo que tocan los músicos. Labrie se retira y deja a la banda elaborando intrincadas melodías, Rudess salta a escena con un teclado de mano (de bastante mal gusto estético) para que sus dedos soleen algo digno del mejor Tony Banks en la cúspide creativa de Genesis. El viaje continúa dejándonos sin aliento. Vuelva Labrie y da el coda a la canción. Seguimos viajando atrás en el tiempo “Six Degrees of inner turbulence” (2001) es el álbum, la canción “Misundertood”: el inicio cristalino de la guitarra con un teclado casi etéreo nos trae reminiscencias crimsonianas. Figuras percusivas aderezan la mixtura. Un remanso de calma prepara otra sacudida que surge de un ramalazo de distorsión. Nuevamente la montaña rusa nos coloca en la cima. Aún para los oídos más prevenidos es difícil no sorprenderse con la fuerza que meten en directo estos tipos. Luego del estribillo la canción retoma su cauce para dar paso a un solo digno de Adrián Belew, después de una sesión de pesas. La experimentación final del tema de nuevo sorprende por su potencia y fluidez, para terminar abruptamente.




El estadio está en penumbras cuando un lento arpegio comienza a reptar por las butacas y cada recoveco del estadio. Los encendedores buscan dar luz para intentar descifrar lo que se avecina. El teclado le agrega aires de reminiscencias orientales y la multitud estalla en una ovación. Desde “Scenes from a memory” (1999) otro de los trabajos más destacados en la discografía de la banda, llega “Home” El clima inicial desemboca en un riff zeppeliano por excelencia, la voz de Labrie se desata, tal pareciera que en este tema se terminara el recital. Cortes, cambios de tiempo y ritmo, y la vuelta a ese sonido arábigo hipnotizante. Sin lugar a dudas uno de los momentos más festejados del recital. Sin darnos descanso volvemos al presente y al último disco, la canción “The dark eternal night” para dar paso al momento más metálico del recital, así como el más humoristico a través del corto que podía verse en la pantalla. Una versión animada de la banda como si fueran super héroes dispuestos a liberar a la gente atada como marionetas a las manos de unos monstruos inmensos semejantes a lobos. He aquí otro de los grandes atributos de la banda su capacidad de pararse en los límites de todo. El humor sin miedo al ridículo los salva de ser pomposos. Su calidad técnica esta al servicio de emocionar y no de lograr demostraciones constantes de velocidad o virtuosismo. Luego vendría un breve receso para poder recuperar el aliento. Uno en las butacas parecía haber corrido una maratón a algo por el estilo. La segunda parte arranca con “Lie” para empezar a recorrer el disco “Awake” (1994) junto con “Voices” y “Erotomania” por fin el viaje llega a destino el imperdible “Images & words” (1992) para dejarnos una versión increíblemente potente de “Take the time” que arrancó a la gente de sus lugares. Vuelven al presente a través de “Forsaken” y cierran con un apoteósico final: “In the presence of enemies part 1 & 2” ¡Así como lo oyen! ¡Las dos partes juntas y com –ple – ti – tas! ¡Satisfacción absoluta para un recital inolvidable!




miércoles 19 de marzo de 2008

Recitales: Buceando en las raíces del sueño. Breve historia del rock progresivo. Antesala a Dream Theater en Bs. As.



El 3 de marzo llegó y estuvimos con mi hermano y un amigo en el Luna Park, llenos de expectativas, que no fueron defraudadas, para ver a una banda con más de 20 años de historia. Una historia que ha pasado desapercibida gracias a la miopía de los medios de masificación cultural que nos dan la pastillita todos los días para hacernos más homogéneos e inocuos. Esta banda, Dream theater, despertó de su tumba al rock progresivo, y se convirtió en un estandarte de una forma de música arriesgada y que pretende permanentemente nuevos caminos y nuevas búsquedas. Como ejemplo puedo citar unas palabras de Mike Portnoy, el baterista y corazón de esta banda, que decía más o menos algo así en una entrevista que leí hace algunos años: Mezclar Slayer con los Beach Boys, y ver que sale, ese es el espíritu de nuestra música.

El rock progresivo para algunos surge del álbum considerado por muchos la piedra filosofal del rock: “Sgt. Pepper´s Lonely Hearts Club Band”. Una explosión en todas direcciones, el big bang; un antes y un después en la historia de la música. El año 1967 fue decisivo para el surgimiento y desarrollo de todo un cúmulo de expresiones musicales que para quien escribe aquí, nunca más fue igualado. Desde el rock sicodélico y espacial de Pink Floyd, pasando por los roces con el jazz rock de Soft Machine, las suites de Moody Blues, la oscura herencia de Procol Harum, los giros medievales de Jethro Tull, la experimentación de King Crimson o el art rock del Genesis de la era Gabriel. Las variantes de expresión de esta forma musical son vastísimas. El inclasificable sonido de Peter Hammill y su Van Der Graaf Generator. El sonido de la escena de Canterbury con nombres como Caravan, Kevin Ayers, Robert Wyatt o el minimalismo del Krautrock alemán de la mano de Can, Amon Düül o Tangerine Dream. Los innovadores y experimentales sonidos de Brian Eno, Robert Fripp ya sin su Rey. En fin, la lista es casi infinita.

Pero la otra pata de este asunto se inicia de la mano de la santísima trinidad del Hard Rock, formada por Black Sabbath, Deep Purple y Led Zeppelín. La parte más metálica, o más pesada de este asunto. La conjunción de ambos estilos, definiría toda una corriente y una forma de sentir la música. Estas; el heavy rock, o heavy metal, y el rock progresivo se convirtieron de a poco en una parodia de sí mismos y perdieron toda su esencia. El punk se encargó de ponerle la tapa al ataúd de estos dos géneros que se pusieron grandilocuentes, bobos y de espaldas a la gente, volviéndose soberanamente soporíferos. El metal resurge de la mano de Iron Maiden y un poco más adelante Metallica termina tirando al género hacia las nuevas fronteras, por su parte la música progresiva de buena estirpe se mantuvo subterráneamente sonando en lugares pequeños, convirtiéndose en semillero de grandes músicos e instrumentistas. Ya iniciados los 90, de la mano del grunge, el rock recupera peldaños de popularidad y vigencia. Y genera espacios para que proyectos que combinan el metal y la música progresiva empiecen a sonar fuertemente. Queensryche, Fates Warning y otras bandas empiezan a hacerse oír. De entre todas ellas será Dream Theater con su disco de 1992, Images & words la que definirá toda una vertiente musical. Pesados, experimentales y melodiosos, esas son 3 de las grandes características que definen la música de esta gran banda, la cuarta y quizás más importante es el virtuosismo que demuestran en su forma de tocar, que sin embargo nunca va en detrimento de la capacidad de expresar sentimientos con potencia y claridad. Sumamente dúctiles en su interpretación pueden pasar de pasajes climáticos, a melodías muy bien logradas o riff demoledores sin que te des cuenta de que ha sucedido. Así que pueden imaginarse las expectativas que había para ver a este quinteto. Hechas las presentaciones, en la próxima parte de la nota vamos directo al grano. Un recital imponente.

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domingo 2 de marzo de 2008

Recitales: una experiencia única

El 3 de marzo, toca en el Luna Park, en Buenos Aires, Dream Theater. Con mi hermano y un amigo estaremos ahí. Pero de ese recital contaré su historia cuando vuelva. El esperar con ansias este evento me llevó a pensar en la importancia que tiene para mí el poder ver a las bandas en vivo. Eso motivó una especie de racconto que me dejo algunas cosas interesantes. Ir a un recital es ante todo la posibilidad de ver al artista en su máxima expresión. Esto puede ser un arma de doble filo, pero te ayuda a acercarte o alejarte definitivamente del músico o la banda. También se da que reconstruyendo y repasándolos, reaparecen muchos momentos llenos de gente amiga, emociones, historias de vida.

Por eso se me ocurrió hacer una pequeña reseña de los conciertos que más me marcaron en la vida:

1) El principal por varios motivos fue también mi debut en estas lides a las que después convertí en una parte importante de mi vida: Con tan solo 13 años tuve la posibilidad de ver a una de las más grandes bandas en su mejor momento: QUEEN. Vivía en Argentina en esos años y los dos primeros casetes que me compré fueron: Kiss – desenmascarados y Queen – The game. (esos fueron los que yo me compre y los nombro con orgullo, el primero que me regalaron fue de Los Parchis, porque traía la canción de “Erase una vez el hombre” una de mis series favoritas y la que me hizo un verdadero enamorado de la historia, los siguientes tres casetes que me regalaron el día de hoy me dan un poco de vergüenza: uno de Abba, otro de los Bee Gees (ya no estoy seguro ni de cómo se escribe) y otro de los Village People, todos tenemos un pasado oscuro… no? Jejeje! En Argentina tienen la costumbre de vivir todo como un proceso antagónico, Boca o River, Peronismo o…. bueno eso ya no existe, Parchis o Menudo, Soda o los Redondos, Queen o Kiss. Si estás con uno no podes estar con el otro, y si lo hacías tenia que ser a escondidas. Hoy a la distancia puedo decir que tuve mucha suerte, vi a Queen en la gira de lo que para mí fue, es y será su mejor disco. El pináculo de su carrera. Ver a Freddy Mercury, hacer cantar a un estadio entero Love of my life guiándolos con su brazo, hasta el día de hoy me eriza, me emociona. En ese momento me sentí raro, yo no sabía la canción y solo podía mirar a los que a mí alrededor la entonaban emocionados. Pero el espíritu que había en el aire, la sensación de comunión entre la gente, la euforia, fue algo que me hizo sentir parte de un todo por un momento. Y ni que hablar que sentir el solo de Dragon Attack fue el puntapié inicial en mi decisión de querer tocar la batería algún día.

2) El otro gran evento que puedo enumerar fue el primer macro concierto que se hizo en Uruguay: El Montevideo Rock 1. Fue la otra gran experiencia que puedo asegurar marcó gran parte de mi tiempo. Tres días inmerso en un caudal increíble de música, una pléyade de bandas. Ver por primera vez a Los Estómagos con un show arrollador, los ecos de Torturador todavía resuenan dentro mío. Zero y sus sonidos casi de ciencia ficción detrás de sus gabardinas y “raros peinados nuevos” sin contar con la voz de Leonardo Garcia que realmente estaba lejos del resto. Los Traidores y su punk demoledor, mucho antes de que se volvieran una parodia de si mismos en diferentes formatos. El Cuarteto de Nos, con su inefable humor y su indumentaria de viejitas (hace poco vi una película de los Monty Pitón de mediados de los 70, donde utilizaban las misma ropa…. Me pregunto si no habrá un punto de conexión entre ambas propuestas) Neoh 23, que me deslumbró con la potencia en vivo de su guitarrista, Pablo Rodas. Y también la oportunidad de ver a otros grandes que venían del exterior. Fue la única vez que pude ver a Fito, en aquel momento no me gustaba, por mera pose adolescente nomás, recuerdo que me dediqué a despotricar contra él la mitad del recital hasta que una chica que estaba delante de mí me pidió que la dejara escuchar en paz. Ahí me puse a prestarle atención al asunto y me dejé de pavadas. A la distancia debo agradecer a esa chica, resultó siendo un toque increíble, todavía guardo en mi cabeza la imagen del rosarino encaramado en su piano al mejor estilo Jerry Lee Lewis o Charly Garcia. Pero sin lugar a dudas lo que recuerdo como los momentos más emocionantes de ese espectáculo fueron el poder conocer a dos bandas que se convirtieron en un referente para mí, marcando mi forma de ver y sentir el rock, convirtiéndolo en una forma de vida, una actitud ante todo. LEGIOA URBANA y SUMO. De Legiao no conocía más que un par de canciones escuchadas por la radio, que me habían despertado curiosidad. Me deslumbraron, la potencia en vivo de esos tipos era increíble, y Renato Russo se devoró el escenario y se puso a la gente en el bolsillo; hoy su música y su poesía son parte de mi adn, al igual que Sumo, ver a Luca en escena fue algo inexplicable, algo distinto. Nada de lo que vi antes o después se pareció jamás. Esos tipos tocaban como si les fuera la vida en ello y hablo de los músicos, Mollo, Arnedo, Troglio, Daffunchio, Pettinato, dejaban salir parte de ellos a través de sus instrumentos. A Luca ya sabemos que le fue la vida en ello. Transmitían una urgencia, una rabia contenida, unas enormes ganas de enfrentarse a todo, y a la vez una ternura y una alegría escondida en tanta tristeza, furia, sordidez. Sumo me enseño a diferenciar autenticidad, de imitación; honestidad, de cáscara; pasión, de circo; emoción, de espejitos de colores.



domingo 3 de febrero de 2008

Guillermo del Toro: Un orfebre de lo fantástico con los pies en la tierra


Se viene en julio el estreno de “Hellboy 2: the golden army”. Una buena excusa para hacer un repaso a la filmografía de un director que en muy poco tiempo y con pocas películas se ha convertido en todo un nombre en el mundo del cine. Me refiero a Guillermo del Toro, director mexicano de trascendencia mundial debido a la calidad de su impronta fantástica. La primera película que le conocí no he tenido oportunidad de verla: Cronos o La invención de Cronos del año 1993, con la actuación de Federico Luppi. En el año 1997 estrena Mimic, una película de terror con cucarachas mutantes y un niño con capacidades diferentes (con unas cucharas descubre la manera de comunicarse con estas cucarachas bastante correosas y asquerosas) La película da algún que otro sobresalto y deja vislumbrar que hay un hombre con oficio y amor por lo que hace, y que no es un simple filmador de guiones sin personalidad. Pero es en el 2001 donde se puede apreciar su primer trabajo realmente personal.

El espinazo del diablo. Una historia que transcurre en la España de la revolución. En un orfanato para hijos de republicanos perdido en medio de la nada. En ella el fantasma de un niño sirve para que el personaje central Carlos, descubra un oscuro secreto mientras se van dejando ver los estragos de la guerra en la condición humana. Nuevamente Federico Luppi, esta vez junto a Marisa Paredes encabezan el elenco. Al año siguiente se destaca con la segunda parte de Blade, con Wesley Snipes en el papel del vampiro cazador de vampiros. Un personaje de segunda línea de la Marvel cómics. La primera dirigida por S. Norrigton es correcta pero nada más y la tercera es una verdadera perdida de tiempo. La versión de Guillermo eleva a la segunda película muy por encima de las otras dos, su cuidado diseño, el desarrollo de los personajes. Y por sobretodo un gran amor por desarrollar su cine de forma clásica. Guillermo es un tipo que no resuelve una escena con partes digitales a no ser que sea absolutamente necesario. Apuesta mucho a la puesta en escena, a los decorados, al maquillaje. El cómic y el cine ya tendrán su espacio por aquí, así que no me iré por las ramas. En el 2004 nos sorprende con una de las mejores versiones de cómic llevados al cine: Hellboy. Trabajó en conjunto con Mike Mignola el particular creador de Hellboy y heredero directo de Jack Kirby en lo que a dibujo se refiere.

Los dioses innombrables del caos son invocados a través de un portal dimensional por un Rasputín al servicio de Hitler, intentando con eso definir la guerra y la dominación del mundo, aunque esto cueste su destrucción. Los aliados logran detener sus planes y como resultado, queda en nuestra dimensión un bebé demonio, Hellboy, que se convierte en el más encumbrado enemigo de sus pares. Un expediente X dedicándose a resolver casos y cosas del más allá.


El tandem que surgió de esa filmación se convirtió en una dupla generadora y ganadora, produjeron Hellboy animated, que también les quedo muy bien y en julio se despachan con la ya mencionada Hellboy 2: the golden army.

En el 2006 Guillermo sorprende al mundo con lo que sería considerada su mejor obra: El laberinto del fauno. Una verdadera pieza de relojería a mitad de camino entre el cuento de hadas y una película histórica y sumamente política. Pero sin lugar a dudas sus propias palabras pueden definir mejor su intención y relación entre El espinazo del diablo y El laberinto del fauno: (texto extraído del boletín de cinemateca de enero del 2007) “Para mí, fascismo representa el horror último, el más grande, y por esa razón es un tema ideal para contarlo como un cuento de hadas para adultos. Porque el fascismo es sobre todo una forma de perversión de la inocencia, y, por tanto, de la infancia. Para mí, el fascismo representa, en algún sentido, la muerte del alma, como algo que te forzara a hacer elecciones terribles y dejará una marca indeleble en lo más profundo de quienes viven a través de él… El fascismo te consume, palmo a palmo, no tiene qué ser físicamente, pero si espiritualmente. Este concepto está en el corazón de El espinazo del diablo, pero creo que lo he tratado mejor en El laberinto del fauno, un film mucho más complejo, más metafórico, incluso más oscuro.”

En estas palabras, creo yo, queda bien representado el costado político y social de Guillermo. Un exquisito director, orfebre dedicado y detallista de los decorados; para él los decorados son un personaje más y los efectos especiales por computadora son el último recurso. Un excelente autor capaz de tomar los elementos más fantásticos e infundirles la vida necesaria para coexistir con la realidad sin que siquiera se note donde empieza y termina cada una. Existen rumores de que Peter Jackson lo quiere para dirigir el Hobbit. Y hay un montón de proyectos más que aguardan por su valía. En pocas palabras, hay del Toro para rato. Y eso al género fantástico le hace muy bien.



sábado 5 de enero de 2008

Invitación a la charla inicial del “Taller de creación literaria”

Estas pocas palabras son para invitarlos a concurrir a la charla de presentación del “Taller de creación literaria.” La intención es hacerlos partícipes del inicio de un proyecto que pretende, lúdicamente, acercarlos a nuevas facetas de autoconocimiento a través del uso de las palabras. Una aproximación a nuevas maneras de ver y sentir todo aquello que nos rodea. La escritura, al igual que toda expresión artística, nos permite abrir nuevas puertas y encontrar nuevas formas de percepción.
A todos aquellos que tengan ganas de transitar este camino como una forma de experimentación, que sientan que la semilla de la escritura esta deseosa de germinar y florecer en su interior, los esperamos para que puedan conocer a fondo todo lo concerniente al desarrollo de este taller que por medio de ejercicios y juegos, tiene la humilde intención de permitirles descubrir sus capacidades y limitaciones en este campo eternamente fértil de la palabra.
El sábado 19 de enero a las 11:00, junto a Leonardo Silveira en POCITOS LIBROS, en Av. Brasil 2561, Esq. Brito del Pino. Compartiremos un espacio, un breve lapso de tiempo que esperamos genere en ustedes el punto de partida en un recorrido que estará lleno de sorpresas.
Saludos cordiales.
Gustavo Aguilera

PD: por cualquier consulta referente al taller, o para reservar su lugar, pueden comunicarse a Pocitos Libros al 7094603 o escribirnos a: pocitoslibros@adinet.com.uy o cartarum@montevideo.com.uy . Cupos limitados.

sábado 29 de diciembre de 2007

Una forma de ver el cambio de año

Soy un tipo que gusta de los rituales cuando tienen un significado importante y pleno para quienes lo realizan. Existen varios rituales en mi vida, uno de ellos es durante mi cumpleaños, suelo buscar durante el año una canción que con su letra y sus sonidos ejemplifiquen o pinten de manera fiel, como me siento en ese momento tan importante, un momento de cambio, un momento con la sensación de un ciclo cumplido. El otro gran momento del año en que suelo hacer una especie de balance es en esta fecha. Fin de año. ¿Qué sucedió, qué me pasó, que me quedó? ¿Qué tengo pendiente para desarrollar el año que viene, qué no debo volver a repetir? Es un momento reflexívo, para seguir andando y aprender de lo vivido. En el año 2000, escribí esto que no es poema ni canción pero tiene el germen para ser cualquiera de las dos cosas. Les dejo esto para compartir a manera de brindis. ¡¡¡¡FELIZ AÑO NUEVO!!!

EQUIPAJE

Vivir es viajar sin cesar.
Cuál será el equipaje
¿Qué me acompañará al final del viaje?
qué tendré en mi memoria,
qué correrá por mi sangre?

Salidas - departures, arribos - arrives.
¿La vida es un aeropuerto,
un juego sin fin?
La partida siempre vuelve a comenzar.
Las mismas cosas en diferente sitio, el mismo equipaje en otro lugar.

Viajar, viajar sin detenerse. Vivir.
La muerte es la estación final.
Y nosotros haciendo trampa,
Acelerando sin intenciones de llegar.
Amores, odios, adioses,
familiares, amigos, enemigos,
Trabajar, construir, inventar, sudar,
Destruir, ignorar, olvidar,
Satisfacción, ansiedad,
Querer, creer, meditar,
Esperanza, fe.
Sueños, realidad.

Miro mis manos,
me mido en ellas.
¿Cuántas caricias han dado,
cuántos golpes,
qué han comunicado?
¿A quién han protegido,
a quién implorado?
Qué huellas quedarán de mí,
en que sitios, en cuantas almas.

La distancia no implica lejanía.
Uno puede trasladarse sin salir de donde está.

Equipaje:
Aquello que tenemos para dar sin que se vea,
Lo que podemos hacer sin que se note.

Dejo mis pesadas maletas y camino hacia la próxima estación.
Sin saber que se avecina,
Reconociendo que queda detrás.
Salidas - departures, arribos -arrives.

Navidad políticamente correcta (segunda parte)

Roberto llega al hotel cargado de paquetes. Acaba de terminar de hacer las compras para las fiestas, lleno de entusiasmo luego de cerrar un trato que lo beneficiará en más de un millón y medio de dólares.
Se siente realizado, está a un paso de entrar a jugar en primera división, de codearse con los grandes.
Alguien en la recepción lo llama y le avisa que llegó para él un paquete de Montevideo. Lo pone en una de las bolsas y sube rápidamente a su suite. Deja todo tirado sobre la cama y rompe el sobre manila con avidez. Dentro hay un cassette de video. Su alegría queda de lado dejando lugar a la incertidumbre.
Son las imágenes de las cámaras de seguridad del supermercado cortadas y editadas como si fueran una vieja película en blanco y negro. En ella Papá Noel toma a un niño de la mano y con su campana llama al resto de los niños que están ahí y como un flautista de Hamelín les guía hasta la sección juguetería. ¿Qué les estaba diciendo para tenerlos tan hipnotizados? Ya no caben más niños entre las góndolas y siguen llegando. Son un enjambre, prontos a cumplir los designios que reciban.
Papá Noel toma una caja y la rompe. Saca el juguete y se lo da a una niña. Luego invita a todos los pequeños a hacer lo mismo. Allí empieza la reacción en cadena.
Los niños se abalanzan sobre los juguetes como si fueran piñatas recién reventadas y luego el caos. Los mayores siguen a sus hijos y comienzan a tomar todo aquello que puede ser sacado de su envase y pueden llevar; desde cassettes, mouses y diskettes a electrodomésticos de todo calibre, pasando por las secciones de ferretería y electricidad, ropa, bazar, artículos para autos, perfumería, etc., etc., etc., un maremoto humano cubre el pequeño enjambre de niños y arrasa con el lugar; los guardias de seguridad tomándose a golpes con la gente, los empleados intentando recuperar los artículos, niños tirados por el piso, magullados y asustados. Mujeres protegiendo a sus hijos, más mujeres llorando, hombres intentando proteger a sus familias, luchando y arrojando cosas por encima de las góndolas. Y entre todos ellos, inmóvil, observando con satisfacción y una pequeña sonrisa de sarcasmo. El hombre de la barba blanca que complacido por su obra dirige una mirada a una de las cámaras de seguridad.
En ese momento su semblanza cambia radicalmente, sus ojos se llenan de arrojo y su aspecto placentero se crispa hasta que parece volverse un dios nórdico de la venganza.
Trepa por las góndolas con su vista en un solo objetivo. El lente de la cámara. Se para frente a ella y su osadía se transforma en odio, sus labios gesticulan algo antes que sus dientes se aprieten en su boca abierta hasta mostrar las encías; hace un corte de manga con su dedo mayor bien alzado y empieza a reírse. Roberto apaga el video y se queda absorto mirando la estática del televisor, perdido rememorando las imágenes que viera tan sólo unos momentos atrás, shockeado. Suena el teléfono y contesta exasperado.
- ¿No pedí que no se me molestara?
- Disculpe, señor, es una llamada de Punta del Este. Es su esposa e insiste en hablar con usted.
- ¡Está bien, pásemela, pero ninguna llamada más! –Carraspea aclarándose la voz y cambiando el tono. - ¡Hola mi amor! ¿Qué pasa?
- ¡Te extraño querido, te extrañamos mucho! Aparte este problema hace que estén rodeándonos montones de periodistas. No podemos salir de casa, no nos dejan en paz.
- ¡Esos hijos de puta! Son unos malditos buitres.
- Pero eso no es todo. Tenía preparada una sorpresa para Navidad, pero no me aguanto sin contártela, es más fuerte que yo. ¿Me dejás?
- ¡Esta bien contáme!
- ¡Mis amigas, las que tienen un programa de cable van a filmar nuestra fiesta! ¡Va a ser bárbaro! Y vos no tenés que preocuparte por nada. Bastante tenés con los problemas del super. Ya encargué un buffet para 100 personas, la disco y a los decoradores para que seamos la envidia de la Navidad. Mi amiga Elsa me preparó un vestido que cuando lo veas te vas a morir. Y yo te compré un traje para la ocasión, como regalo, para que seas el hombre más lindo de la noche.
- Yo creí que íbamos a hacer una cena familiar y nada más. Compre regalos para todos, especialmente para los chicos. Tenemos algo que festejar en familia. Cerré el negocio que vine a hacer acá en Santiago.
- Ya lo sé, por eso organicé la fiesta, esto se tiene que saber. Hoy nos faxearon acá a Punta, para felicitarnos. Aparte los chiquilines no van a estar, nos van a llamar cuando den las doce. Ellos se van a quedar con sus amigos, están grandes para este tipo de reuniones. No les gusta. Quieren divertirse, hacer su vida.
- ¡Bueno, mi amor! Estoy muy cansado, tuve una jornada estresante y quiero dormir un rato, mañana llego temprano. Arreglo todo el estúpido problema ese y estoy llegando a casa al mediodía. Dulces sueños mi amor.
- ¡Que descanses querido, un besote, te quiero mucho, chau!
Cuelga el tubo lentamente, la imagen del Papá Noel haciéndole un corte de manga con su dedo mayor bien alzado lo persigue, lo fastidia, tiene pesadillas con eso y su risa invadiéndolo todo. ¡Jo, jo, jo, Feliz Navidad! ¡Jo,, jo, jo! Y se repite hasta el infinito, pone sus pensamientos en el trabajo, en los negocios que salieron bien, en el año que viene que promete ser el gran año para la empresa.
En el discurso que va a decir mañana, tiene que ser contundente, y con su cabeza ocupada logra conciliar el sueño, que se encarga de machacarle cada tanto la imagen del Papá Noel haciéndole un corte de manga con su dedo mayor bien alzado.

Norberto se siente mejor, animado, extrañamente feliz. Es 24 de diciembre, el día de Nochebuena y otro presentimiento lo ha invadido por completo. No sabe qué es, pero esta distendido, amigable. Siente que toda esa estupidez va a terminar en cualquier momento. No más gente cantándole por las ventanas, o gritándole obscenidades, no más periodistas, ni fotógrafos, ni camarógrafos, no más preguntas estúpidas. Su vida se ha asemejado siempre a un barco a la deriva en pleno temporal. Sacudiéndose con todos los obstáculos y recibiendo todos los golpes que le pueda dar sin quejarse y esperando un remanso donde detenerse y empezar de nuevo. Un policía entra de improviso.
- Hay dos personas que lo quieren ver, una es un niño.
Valentín entra de pronto, como una tromba y se le cuelga de los hombros.
- ¿Cómo andás Norberto? ¡Que quilombo que armaste!
- ¿Te parece? ¡Podría haberlo hecho mejor! ¿Pero qué hacés acá, no tendrías que estar en Mercedes?
- Si, pero a mi padre se le rompió el coche y se lo arreglaron recién. Así que nos vamos ahora y yo no quería irme sin despedirme de vos. ¿Te van a dejar salir, no?
- No lo sé, pero estoy tan feliz de que me vinieras a ver, eso me demuestra que los amigos siempre están cuando se los necesita. ¿Con quién viniste? ¿Ese es tu papá?- señala al hombre que se quedó contra la pared esperando su turno para hablar.
- No, capaz que no te acordás de mí. – Le dice. El rostro y la voz se le hacen conocidos.
- Estoy seguro que te conozco pero no me doy cuenta de dónde.
- Terminá de hablar con tu amigo, no quiero interrumpir.
- Yo ya me voy. Mis padres y mis hermanas me están esperando. ¡Hoy de noche voy a brindar por vos, sabés, si mis viejos me dejan!
- ¡Gracias Valentín, yo tampoco me voy a olvidar de vos!
Se abrazan y se palmean como dos camaradas de toda la vida, dos compinches de la hora cero, uno de diez años y otro de treinta y tantos. Valentín se aleja corriendo entre bromas y chistes cuyos ecos se apagan lentamente dejando todo más oscuro y triste. Todo vuelve a la normalidad. El hombre se le acerca y le habla.
- No te debés acordar de mí, yo soy el padre de Daiana y Carolina. Me llamo Ernesto. – Dice estirando la mano para saludarlo.
- ¡Hola que tal! – Contesta, dándole la mano automáticamente; sin alcanzar a comprender. - ¿Cómo están las nenas?
- Ellas están bien, el que está jodido ahora sos vos. La tele ocupó largas horas hablando de vos, sos todo un personaje.
- ¿En serio? ¿Y qué dijeron?
- De todo, hablaron de tu familia, que esta en Estados Unidos, intentaron hablar con ellos pero no los pudieron ubicar.
- ¡No quisieron atender, esos malagradecidos! – Interrumpe.
- Dicen que estás enfermo, que sos un psicópata. Hay psicólogos, sociólogos y un montón de ólogos más estudiando tu caso y las conclusiones son todas distintas. La gente también. Algunos piensan que hiciste lo que debía haberse hecho hace mucho, otros piden tu cabeza en bandeja de plata.
- ¡Por Dios! ¿Por qué no me dejan en paz? Yo lo único que quiero es salir de acá, que no me rompan más los huevos. Quiero dormir, pero hasta el año 2000, sin parar y cuando despierte me gustaría ser otra persona y estar en otro lugar.
- La mano viene jodida, pero tienen que esperar hasta dentro de un rato. Parece que al mediodía viene el dueño del supermercado. Ya tienen preparada una conferencia de prensa.
- Gracias por preocuparse por mí, creo que es la primera persona que lo hace en varios años.
Resopla una sonrisa amarga y cabecea hacia los costados. Mira al extraño y le pide un cigarrillo, se lo da y al tiempo este le pregunta:
- ¿Qué vas a hacer cuando salgas de acá?
- No lo sé.
Se queda pensativo, cruzado de brazos, mientras golpea su dedo gordo sobre el labio inferior.
- No tengo la más puta idea.
- Mirá, yo no tengo mucho para ofrecerte, pero si tenés libreta, mi hermano te puede dar laburo en el reparto que tiene.
- Me vendría bárbaro, pero... ¿por qué me ayudás tanto?
- Algo me dice que te lo ganaste, que sos un tipo de ley y te merecés una segunda oportunidad... o quizás sea el espíritu navideño que no te abandona.- y los dos largan una carcajada enorme.
- Ojalá.- dice bostezando.- Disculpa, hace dos días que no pego un ojo.
- ¡No pasa nada! Bueno... tengo que irme pero te dejo esto.
Le extiende una tarjeta que saca del bolsillo del pantalón.
- Ahí tenés mi número de teléfono. Llámame en cuanto salgas y si te dejan libre hoy me gustaría que fueras a pasar la Nochebuena en casa. Mis hijas van a estar agradecidas. ¡No! Más bien yo voy a estar agradecido, ellas van a estar felices, aunque no te reconozcan, les encanta cuando alguien viene a cenar con nosotros y aparte ya vi que te llevás muy bien con los botijas.
- No prometo nada, pero si voy hoy de noche capaz que Papá Noel se da una vueltita, la última de su vida.
- ¡Por favor, eso no es necesario!
- Ya lo sé, pero para mí sería un gusto... en serio.
- Está bien, está bien, suerte y... ¡Feliz Navidad!
- ¡Gracias igualmente! – Se despiden con un apretón de manos.
Entre sonidos guturales, voces cacofónicas y maquinas de escribir oxidadas, la palabra Navidad se escabulle silenciosa, tapada por el olor a baquelita y sudor, Norberto siente que algo intangible oprime su pecho hasta que una lágrima se le escapa y luego otra y otra más hasta que larga a llorar como un niño sin consuelo.


En la sede central de la cadena de supermercados todo está pronto para la conferencia de prensa que Roberto Pío va a dar. Están todos los medios de prensa, las radios y claro está, la televisión. La sala refrigerada está inundada de una música inocua, mientras una cuadrilla de mozos sirve refrescos y unos bocadillos. Cuando entra acompañado con el Ministro del Interior y un séquito de encargados de las distintas sucursales, todos se levantan de sus sillas expectantes. Una lluvia de fotos arrasa el lugar.
Los camarógrafos prenden sus luces auxiliares y los periodistas dan sus últimos retoques a las corbatas y a sus gargantas. Una sonrisa cuadrada y extensa de satisfacción aparece calcada en todos los que se sientan tras los micrófonos. Roberto toma la palabra antes que empiece la andanada de preguntas.
- ¡Buenos días, señores de la prensa, radio y televisión! ¡Bienvenidos a ésta, su casa! Espero que sepan disculpar la demora, pero recién llego de un viaje de negocios y he tenido que informarme debidamente del caso. El propio Ministro del Interior, aquí presente, - lo señala casi con una reverencia – me ha informado de todo lo acontecido. Sé que la espera fue por lo menos refrescante y apetitosa. –se ríe de su chiste que escasamente es festejado.- y se también que estarán llenos de preguntas. Espero que lo que tengo que contarles les sea suficiente. Porque la víspera de Navidad, es un día muy especial para todos nosotros. El tema de Papá Noel será a partir de ahora, tan solo una anécdota para recordar. Este joven no sufrirá ninguna represalia por parte de la empresa, ni perderá su trabajo, ni mucho menos. Actualmente otro de nuestros empleados cubre su puesto, pero como es por todos sabido, en el correr del mes de enero vamos a abrir otra sucursal. Este muchacho entrará a trabajar allí. Mientras tanto se le pagará el sueldo como si estuviera disfrutando de unas “pequeñas vacaciones”. Los destrozos causados en el Hipermercado nos dejaron cuantiosas perdidas, pero este joven no deberá reponer un solo peso de eso. Nosotros creemos en la Navidad y este es nuestro regalo para ese muchacho que cometió un error, como pudo haberlo cometido cualquiera de nosotros. Como lo cometió la gente que entro en estado de histeria y provocó esa avalancha, casi criminal podría decirse, sobre los niños allí presentes y los demás incidentes por demás bochornosos. Pero como ya les dije, ya todo pasó. En este momento están dándole la libertad al joven, libre de todo cargo levantado contra él. Para que retorne a su hogar y pase una Feliz Navidad, como se la deseamos a ustedes y a todo el público que a través de sus medios de comunicación se enteraran de la buena nueva. ¡Feliz Navidad y próspero Año Nuevo para todos! ¡Muchas gracias!
El apretón de manos de Roberto y el ministro quedó impreso en todas las cámaras fotográficas y de T.V.
Luego el ministro dio un pequeño discurso donde exaltaba el trabajo de las fuerzas policiales y donde agradecía la comprensión y la buena voluntad de la empresa, sus dueños y empleados; y ratificó la importancia de la labor y la cristalinidad con que fue manejado el caso tan emblemático y singular por sus características.

En la jefatura, Norberto no podía creer lo que estaban diciendo: que quedaba libre, que retiraban los cargos y que podía volver a su trabajo. Pero eso era lo que menos le importaba. En lo único que pensaba era en que por primera vez en ocho años iba a pasar una Navidad acompañado y se sentía querido y aceptado por una familia que apenas conocía.
Sacó la tarjeta de su bolsillo y pidió que le dejaran usar un teléfono, para hacer la llamada más esperanzadora de su vida. Y cuando atendieron y habló con Ernesto, su señora y las niñas, no se sintió defraudado y reconoció el hermoso regalo que estaba recibiendo esta Navidad.

Camino a Punta del Este por la interbalnearia un celular comunica a Roberto con el señor Alvarez, su hombre de confianza.
- ¡Hola! ¿Alvarez? ... Si, habla Roberto. Tengo algunos requerimientos para hacerle: cuando pueda comuníquese con el “Papá Noel” y dígale que vuelva cuanto antes. Hay algunos periodistas que lo quieren entrevistar en su lugar de trabajo, y eso sería buena propaganda para nosotros. Dele unos días para que se lo crea y después ya sabe, lo traslada y le explica as nuevas condiciones de trabajo. Le quiero limpiando todos los baños, graseras y cañerías y cámaras sépticas que pueda aguantar; lo quiero trabajando en los horarios más agotadores y quiero que le reduzcan el sueldo a la mitad. Esas son las exigencias para que se quede en la empresa, y si no quiere, explíquele que hay una fila de desocupados esperando ocupar su puesto. ¿Quedó claro Alvarez? ... perfecto... ¡Ah! Una cosa más Alvarez. ¡Feliz Navidad!

Navidad Polìticamente Correcta (primera parte)

Hace algunos años por circunstancias que nunca podré definir, causalidades del destino quizás, me toco hacer de Papá Noel en mi trabajo. Esa experiencia abrió una puerta a una sensibilidad diferente con respecto a esta fiesta que solía vivir como muy lejana. Y que no volvería a sentir de ese modo hasta el nacimiento de mi hija. La experiencia de esa Navidad generó la idea que a la postre se convirtió en este cuento que dejo aquí para compartir, al igual que este saludo festivo:

Queridos familiares y amigos, estimados compañeros de trabajo, compañeros de ruta en general. En estos momentos tan especiales para algunos, tan tediosos e insignificantes para otros, como son las Navidades. Quiero levantar mi copa y brindar por todos ustedes. Porque más allá de cualquier simbolismo religioso, social o mercantil; desde mi humilde punto de vista, estos son tiempos de esperanzas, de reconciliaciones, de ser humanos.
Tiempos de vivir de cara a la vida. Levantemos todos juntos la copa de la utopía y como decía Luca, soñemos el sueño imposible. Brindemos por que vale la pena estar aquí y ahora. Abracen a esos seres que tanto quieren, y a veces, de quienes tanto reniegan, dejen de lado las diferencias y valoren lo demás. Miremos dignamente al otro y sintamos, y entendamos, que está tan lleno de sueños como nosotros. Construyamos y alimentemos esos sueños para que algún día se hagan realidad, para que este breve momento del año dure mucho más tiempo y los acontecimientos venideros nos encuentren más unidos, sensibles, justos. Más capaces de compartir, convivir, amar. Esta es mi utopía, mi deseo. Y deseaba compartirlo con ustedes. Levanto nuevamente mi copa y brindo por la vida, brindo por ustedes y porque nunca falte.
Mando desde aquí un gran abrazo fraterno con los mejores deseos de esperanza Y FELIZ NAVIDAD Para todos, en cualquier parte del mundo, debería ser así.


Navidad políticamente correcta

- ¡Estamos trasmitiendo en vivo y en directo desde la Jefatura de Policía de Montevideo, donde tienen encerrado a Papá Noel! En un hecho sin precedentes... stos momentos un grupo de especialistas se encuentran interrogando a Papá N... posiblemente se requiera la presencia del Ministro del Interior para que intervenga en este hecho sin precedentes... hay un grupo de personas disfrazadas de Papá Noel exigiendo la liberación de este personaje con pancartas y repartiendo panfletos que cuestionan la lógica del acontecimiento qu... on nosotros el psicól...
En la penumbra de la lujosa habitación, iluminada por la pantalla del televisor y una pequeña veladora, se cansa de escuchar tanta estupidez. No puede creerlo, pero es así. Su padre siempre le había dicho que si quería que las cosas salieran bien debía hacerlas uno mismo. Y parecía que así era. Deja el control remoto sobre la mesa y toma el teléfono. Le molesta perder el tiempo en trivialidades. El teléfono suena, alguien contesta:
- ¡Hola supermercados Pío! ¿En qué puedo ayudarlo? – una voz servil y florida.
- Con el encargado general, habla Roberto Pío. –dice cortante y con voz de mando.
- Enseguida, señor. –responde la voz servil y ahora marchita.
- ¿Cómo está, Alvarez?
- ¡Mal señor! ¡Esto es un caos; el tema de Papá Noel nos ha hecho bajar las ventas en forma abismal!
- Lo entiendo, lo entiendo. Dígame ¿a cuánto ascienden las perdidas?
- Todavía no se han calculado señor, pero está el asunto de la mercadería “regalada” y no quiera saber lo que fue con la avalancha de gente y tener que cerrar el local tres horas antes, sin contar los sueldos de los empleados que se quedaron horas extras para acomodar el estropicio.
- Quiero un informe completo para esta noche. Me lo envía por fax al hotel, acá en Santiago. ¿Quién estaba a cargo de la seguridad en ese momento?
- Cuando yo bajé a dar una mano y a poner un poco de orden estaba Martínez a cargo, pero se le notaba que todo se le había ido de las manos. ¡Hacía rato! Estaba muy alterado.
- ¡Despídanlo! Y también a los de seguridad que crea conveniente. Eso arreglará todo lo concerniente al ambiente generado en la sucursal.
- ¡Sí, señor! ¿Algo más?
- Quiero que preparen un comunicado de prensa en donde conste que yo no estaba en el país cuando esto ocurrió, pero que me he enterado del caso y voy para allá a tratarlo personalmente con la intención de que la Navidad sea feliz para todos y esto no pase de ser un hecho anecdótico que recordaremos con ironía. Mañana en la mañana estoy llegando a Montevideo. Confío en usted, Alvarez. Es el único que se lo merece. ¡Ah, otra cosa! Avísele a mi familia que desaparezcan del mapa, que se vayan a Punta del Este y no se dejen ver por nadie que yo arreglo todo.

En la jefatura un tipo abatido y sudoroso fuma un cigarrillo lentamente como si en eso le fuera la vida. Encorvado y con la mano apoyada en su rodilla mira el suelo perdiéndose en las baldosas. Las botas negras le quedan grandes, el traje rojo le cuelga. A su costado un almohadón que le sirvió de panza, una barba postiza y un gorro con un pompón blanco completan el cuadro.
Levanta la cabeza y mira a los cuatro costados. No puede creer que esto esté pasando, siempre había visto este edificio desde afuera y nuca pensó estar allí en estas condiciones, recuerda cuando se burlaba de los milicos que laburaban siempre en la puerta al rayo del sol o bajo la peor de las lluvias. Deja caer su cabeza lentamente hasta que se pierde entre sus hombros y su pecho, mientras piensa en un burro que lo está cagando a patadas en el culo. Se lo merecía una y mil veces.
Se rompe el silencio, otro hombre entra en la sala sin saludar. Toma una silla y la acerca, la pone al revés y se sienta frente a él cruzando sus brazos sobre el respaldo y apoya su barbilla sobre ellos. Lo mira comprensivamente.
- Norberto, Norberto. ¿Se siente mejor, quiere algo? ¿Algo de tomar quizás?
- No gracias. – Contesta con voz distante y monocorde.
- Necesito que me cuente todo otra vez, despacio y tomándose su tiempo. Trate de recordar detalles, todo es importante, por favor.
- ¿Otra vez? – Contesta ofuscado.- ¡Cuántas veces más va a ser necesario!
- Si le estoy pidiendo por favor, es por usted. De usted depende que todo este lío se arregle.
- Está bien, disculpe que haya gritado. Fue todo tan rápido. Un día conté en el trabajo que había hecho de Papá Noel; para mis hermanos, cuando eran chicos. Lo lindo que había sido esa experiencia, lo feliz que me sentí al hacerlos felices a ellos. Y como, por primera vez, el escéptico número uno de la Navidad, que soy yo. Creyó aunque sea un minuto en ella. ¿Y viste como es? En estos lugares uno no puede contar nada sin que se entere hasta el último orejón del tarro. Un día vino un encargado y me ofreció hacer de Papá Noel por tres días. El 22, 23 y 24. Yo trabajo de las ocho de la mañana a las cuatro de la tarde y todos estaban haciendo doble turno. Me pidieron que me disfrazara de la cinco de la tarde a las diez de la noche y me lo pagarían doble y tendría un plus que cobraría en fin de año. Acepté. Una oportunidad así de ganar más plata por trabajar la misma cantidad de hora que los demás me pareció un regalo del cielo.
Hace una pausa y mueve su cabeza lamentándose. Suspira y retoma el relato.
- Creí que frente a centenares de niños que no conocía no sentiría nada y sin embargo comencé a desmoronarme. Se rompieron los límites entre pensar y hacer, actuar o decidir; pasaba de la euforia a la violencia como si nada. Tendría que preguntarle a mis compañeros de trabajo. Dos horas antes de disfrazarme comenzaba a irritarme, a ponerme meticuloso, obsesivo, hasta llegar al extremo de pelearme por cualquier cosa. -¡Pará loco, pará!- me gritaban mis amigos entonces, entonces reaccionaba y me daba cuenta que el que estaba mal era yo. Todavía no puedo creer que me hayan soportado tanto. Ya disfrazado me sentía suelto, alegre, todo lo contrario a como estaba unos minutos antes. Caminaba de punta a punta del supermercado recorriendo las góndolas y haciendo sonar mi campana, invitando a los chicos a pedir sus regalitos. Los llevaba hasta mi sección y...
- Disculpe que lo interrumpa. ¿Dónde es que trabaja?
- En la sección electrodomésticos, audio y computación. Hay un rincón que esta dedicado a las computadoras y los videogames y todos sus accesorios. Ahí trabajo yo. –Como le decía, remarca molesto la interrupción. – En mi sección tenía un sillón adornado con guirnaldas y flores navideñas. Ahí me sentaba, tomaba una cuadernola, una lapicera y le pedía a los niños su nombre, su edad y que me detallaran qué querían recibir como obsequio. Al mismo tiempo que los invitaba a dejar su cartita en un buzón que tenía a mi lado: Marcelo, de 6 años, me dijo que quería una moto y un casco; Sthepanie, un regalito que fuera una pelota igual a la de Gastón, un amiguito de ella. Rodrigo de 3 añitos pedía los muñecos de Batman; David de 4, “El equipo completo de Peñarol, una pelota y una radio”; Lucia, de 8 años quería un hámster. Gervasio, de 6 “un auto que tenga nafta”. Así pasaron por el cuaderno cientos de niños, cientos de abrazos, besos, sorpresas, sustos, sueños y mil cosas más, me sentí el tipo más completo del mundo y a la vez el más frágil. ¡No sabés lo que era ver sus ojitos flotando en ensueños, las caritas brillando de emoción! Los más chiquitos saludándome, escondidos detrás de sus mamás, tirándome besos con sus manitas delicadas, con miedo a acercarse. Aprendí que en las pequeñas cosas, en los pequeños gestos, uno puede encontrar o dar felicidad. El que me hizo dar cuenta de eso fue Valentín, un botija de 10 años, flaquito, dientón y con ojos de ratón. Inteligente y sarcástico, siempre viene a probar juegos de P.C. y de vez en cuando compra alguno; el día que se enteró que me tenía que poner el traje, salieron de su boca el total de mis excusas y cuando quise decirle que estaba equivocado solo reí guiñándole un ojo. Pero el mismo se encargo de reivindicarse al venir y ser mi ayudante durante horas. Estaba fascinado tocando la campana para llamar a los niños, haciendo de apuntador. – Si se llama Nicolás, decíle, chau tocayo. –Me recriminó una vez. -¿Por qué? Le pregunté.- Porque Papá Noel, Santa Claus y San Nicolás son el mismo. – y terminó contándome la historia completa de la Navidad que había leído en una revista. Y ayer antes de irse me miró con cara de pícaro y riéndose me susurró: - Te dejé mi cartita en el buzón espero que la leas. – Le aseguré que sí. Nos dimos un abrazo con palmaditas incluidas y se fue corriendo loco de contento. Eso me demostró que era igual a los demás niños de su edad; a pesar de su picardía veía en las fiestas un sueño especial y me lo hacía sentir, lo compartía conmigo al igual que los otros niños. Dos de ellos también me sacudieron hasta los huesos. El primero fue un nenito oriental, japonés creo, aunque hablaba español bastante bien. La madre es clienta y es de la embajada porque siempre paga con una tarjeta dorada y tiene documento diplomático. El nene me pidió un par de juguetes como cualquier otro niño y terminó diciéndome: - Y quiero que haya más amistad y tener más amigos para jugar. Me invadió un sentimiento de soledad terrible. No podía creerlo. Me sentí impotente ante su pedido, porque lo que él quería era algo que no se podía comprar, muy difícil de conseguir y muy fácil de perder cuando no es real. Al otro día, hoy, una nenita que venía de la mano del padre, cuando estuvo a un par de metros de mí, se soltó y corrió a abrazarme. Me besó y se sentó en mi falda, me contó que se llamaba Daiana y me explicó cuales iban a ser sus obsequios. Luego me pidió que le dejara lo mismo para su hermanita, Carolina, que tenía diez, ella tenía cinco. Se fue muy feliz con su papá a terminar de hacer las compras que faltaban para la cena de Nochebuena. Antes de irse vino de nuevo y me dio otro beso, se alejó haciéndome adiós con la manito hasta que se perdió entre el gentío y durante el resto de la tarde tuve un presentimiento. Traté de alejarlo de mi mente pero cada vez que aparecía lo hacía con más fuerza; dos o tres horas después la niña volvió con su familia, pero esta vez había traído a su hermanita. Se acercaron, ella me dio un beso y me la presentó. Era una niña... especial, que precisaba de todo el amor del mundo, y estoy seguro que en su casa tenía todo eso y mucho más. Parada delante de mí, estaba extasiada mientras se tocaba nerviosamente y yo perplejo atoraba las palabras. Se acercó, sonreí y estiré mi mano. Se aferró a ella como a una soga que pende de un precipicio, me estrujó, me dio un besito y me dijo maravillada: -¡Hola Papá Noel, como estás! – Muy contento de que hayas venido, estaba esperándote, Daiana me habló de vos, tu nombre es Carolina y ya tengo tus pedidos para llevártelos, porque papi y mami ya me contaron que te portás muy bien. -¡Gracias Papá Noel! – Dijo – y su abrazo fue tan cálido y su besito tan suave; su voz tan dulce que pensé que estaba siendo besado por un ángel. Quería pararme y salir corriendo hasta perderme de vista. Ella enseguida me soltó y se abrazó a su mamá sin quitarme los ojos de encima, entonces se acerco a la más chiquita y me contó: - Papá esta preparando asado y ensaladas y yo quiero invitarte a que comas con nosotros. ¿Vás a venir? – Y yo ¿qué iba a hacer? Le expliqué que no iba a poder porque tenía que repartir los regalos de los demás y eso me llevaría toda la noche. Con una sonrisa comprensiva me dio un beso y se agarró a su papá. Cuando se alejaban, el padre se dio vuelta; - “¡Flaco, vos ya tenés un lugar en el cielo!” – Me dijo bajito, palmeándome el hombro. Se me erizó hasta el último pelo del cuerpo. ¡Y ya no recuerdo más! ¡Juro por Dios que no me acuerdo que más pasó!
- Está bien cálmese, cálmese, yo no lo voy a obligar a que me diga nada más. ¿Quiere agua o algo de comer?
- ¡No! Déjeme sólo.
El hombre retira la silla y la deja de vuelta donde estaba. El silencio reina nuevamente en el lugar, Norberto se acurruca y tira el filtro que empezaba a quemarse. De a poco se lleva las manos a los bolsillos y en uno de ellos siente el crujir del papel y recuerda. Lentamente lo saca y lo acondiciona para leerlo. Rompe el sobre y saca una hoja recortada, con la letra de su gran amigo:
“Papá Noel:
Yo se que esto es mentira
Pero por las dudas te pido
Que le digas a Jesús que en la
Navidad a él no le dan importancia
Por eso te pido: un Lamborchini
Una playa
Un shopping
A Sharon Stone
Un oso Teddy
Una tele de 90 pulgadas
Te lo pide Valentín.
Bye, bye.”

La dobla y vuelve a guardarla en su bolsillo, prende un cigarrillo y con la mirada perdida se ríe socarronamente.
Fuera de la jefatura un verdadero carnaval de gente cubre la calle. Periodistas, fotógrafos, canales de televisión, y gente. Mucha a favor y otro tanto en contra, formando una coreografía digna del Solís. Luces y flashes por doquier, consignas y cantos navideños. Exaltación de los valores morales y la familia. La incidencia del comunismo, Papá Noel y las drogas y un sin fin de elucubraciones más.
Pequeños grabadores y micrófonos registrando esa Babel y la omnipresencia de la televisión filmando absolutamente todo.

sábado 15 de diciembre de 2007

Separata II: Compartiendo cuentos publicados

Este también pertenece al segundo libro, me pregunté un día mirando a un pordiosero:¿Qué cosas en la vida te pueden llevar a terminar de ese modo, cuan horribles o sencillas pueden ser? No he encontrado una respuesta aún. Pero si he encontrado unas cuantas preguntas màs.



Piel de higo

A pesar de no ser muy viejo su memoria ya no recuerda cuántos años tiene, ni como se llama. Su rostro empercudido por la mugre de la calle esta lleno de grietas que desaparecen bajo su tupida y enmarañada barba, que parece la flor de un cardo.
Un halo de suciedad lo envuelve como si fuese su mejor traje, hecho de diarios viejos, buzos ralitos y mohosos, un sacón y un par de pantalones apolillados. Calzado con lo que queda de unas romanitas despedazadas por los colmillos de un perro. Sus pies se han acostumbrado a ser insensibles al frío, al calor, a la humedad, a la lluvia y se han convertido en raíces abigarradas, callosas y resecas, llenas de pústulas rojizas y cicatrices moradas. Sus manos son estilizadas con dedos de pianista, largos y finos como cáñamos que desvencijados por una tormenta se quiebran en todas direcciones sin secarse.
Deambula como las semillas del diente de león arrastrado por el viento o por la gente que lo pisa, lo empuja, lo sopla. Llega a un lugar que le parece conocido y los recuerdos brotan discontinuos y desordenados. Se ve durmiendo en el banco de esa plazita de deportes y recuerda cuando unos hombres de azul lo alumbraron con sus linternas, lo patearon, lo escupieron y lo echaron de allí riéndose de él. Rememora cuando de niño jugaba en esos toboganes y era él quien reía. Lentamente se lleva las manos a la cara pero la barba no le deja tocarse los labios cuarteados y pálidos que hace mucho no sonríen, ni emiten sonido alguno.
El viento le trae el olor a galletitas recién horneadas que viene de la fábrica que está enfrente y se deja llevar por el y sus intermitentes reminiscencias de un trabajo, una vida estable, sus compañeros y amigos, el fútbol de los domingos. Se sobresalta cuando se ve durmiendo allí acurrucado una madrugada neblinosa y alguien se le acerca y lo llama por un nombre que ya no es suyo, y le insiste machacándole hechos y lugares en común y él lo niega, y se apoya en su botella de alcohol azul con alpiste y a los tropezones huye de esa voz que lo reclama.
Llega ala esquina siguiente y ve la parada de ómnibus y repasa todas las noches lluviosas que durmió bajo ese techo de chapa y la vez que despertó y vio frente a él un niño rubio con una sonrisa cargada de maldad y sus ojos celestes llenos de estática. Tenía en su mano izquierda un cable y en la derecha un encendedor, sintió olor a quemado y vio que era su barba incendiándose y se arrastró por el piso golpeándose con las manos hasta que logro apagar el fuego y el niño se dio media vuelta y se alejó indiferente.
Un poco más lejos ve una casa semiderruída con la ventana y la puerta tapiadas y el jardín en ruinas. La reconoce, sabe que en fondo de esa casa hay un parral y una higuera donde él creció trepado de sus ramas y le hicieron creer que el mundo era un jardín de gente. Está recorriendo un altar del pasado.
Recuerda caricias y retos, siente las ruedas de su triciclo, los vidrios rotos con una pelota, los primeros besos en el zaguán, los regalos hechos con su primer sueldo, el orgullo de su ascenso. La alegría y las lágrimas cuando dio la gran noticia de su casamiento. Miles de fantasmas dan vuelta a su alrededor originando nuevos recuerdos.
El sepelio y el entierro de sus padres. La muerte que se va y la nueva vida que se acerca. La incertidumbre y el miedo de las complicaciones. Perdido por lo s pasillos de un hospital entre tubos medicamentos y cuidados. Y la parca ala vuelta del quirófano. Una panza bendita, enorme. Llena de luz que se apaga, se agota y se termina. Todo se derrumba con los latidos de una nueva vida que queda trunca llevándose otra consigo y su alma arrebatada.
Y ahora está ahí de vuelta. Por primera vez en años su vida tiene un propósito que no consiste en evocar los aspectos de su tristeza sino en saber cuánto hay de cierto en un viejo cuento que su madre le susurraba de pequeño.
Como puede saca fuerzas de la nada y a los tumbos trepa la verja y cae dentro del jardín, se levanta aunque le cuesta un triunfo y con aire señorial quita la mugre nueva producida por la caída. Acomoda sus harapos y se dirige al fondo de la casa a paso firme y decidido. Sus manos intentan darle un sentido a la barba, peinándola, acariciándola, desenredándola sin suerte. Llega hasta la higuera se recuesta en ella y cansado por el esfuerzo se desinfla y desfallece.
“Todos los fin de año la higuera recibe a escondida de los otros a un señor muy viejito que está arrugado y decrépito, es el año que se va. Él se recuesta en ella muy solemnemente y espera. Su piel se hace más suave y llena de vida, mientras que uno de los higos cae y empieza a madurar muy rápidamente. La piel del higo se abre como las alas de un cisne y de su corazón y su carne rojos y suaves va creciendo un niño diminuto que es el año nuevo, que rozagante y fértil se levanta y besa la frente del viejito que ya tiene el color del higo y su piel. Se despide deseándole suerte al año que comienza con una sonrisa y se convierte en el higo más maduro y sabroso que jamás halla existido y tu papá y yo lo entramos a la casa y nos lo comemos, mitad cada uno para que el año que comienza sea más próspero y lleno de felicidad.”
Los higos cuelgan del árbol como pequeños embriones llenos de vida palpitante y pronta para salir al mundo y enfrentarse con él.
En el cielo los primeros silbidos de las cañitas voladoras y las luces de bengala llenan la noche. Gritos que vienen desde lejos anuncian la llegada del año nuevo. Un higo cae al piso, una paz y una comprensión como nunca había sentido antes lo invade. Siente que sus labios, ahora delicados y carnosos dejan entrever una sonrisa que escapa de la barba y su vieja piel está ahora tan suave y apetecible como la piel del higo.

Separata II: Compartiendo cuentos publicados

Seguimos compartiendo cuentos: este forma parte de mi segundo libro "La textura de nuestros Fantasmas" editado en 1999. Este cuento surgió de una venganza personal, contra los choferes de los omnibus interdepartamentales. Por todas las veces que por jugar carreras entre ellos te dejan pagando en la parada, y por otra suma de cosas.




La leyenda

La lluvia es como una música monótona de gorgoteos y repiqueteos, matizada con el suave deslizar de neumáticos en el asfalto y los susurros del viento entre los árboles. Dentro del bar el techo de dolmenit se encarga de amplificar el martilleo de las gotas relegando los sonidos de la carretera a un segundo plano.
Los parroquianos juegan un truco de seis bajo una luz tenue y espesa por el humo de los cigarrillos que sofocan de sus gargantas con un trago. Juegan sin ganas, esperando que amaine la lluvia para volver a sus casas. Las barajas pesan toneladas, se dejan repartir en cámara lenta, para caer con un golpe apagado, denso, que levanta el polvo de la mesa; pero existe un sonido que es como un zarpazo que corta la lluvia en dos, quema la carretera, detiene los corazones. Es el grito atronador del motor del temor.
- ¡Escuchen!... es él, estoy seguro.
Y desde cada arruga los rostros comienzan a ensombrecerse con remordimiento.
- Si, ese sonido es inconfundible. Es el Fusca negro.
- Recuerdo la primera vez que lo vi. Era tarde, yo había terminado mi turno. Iba a entregar el ómnibus, en aquellos tiempos manejaba el 717. Venía del Pinar por la Interbalnearia. A lo lejos vi una pequeña mancha negra con unas diminutas luces rojas, calientes y crepitantes como el centro de una fundición. Alrededor de la mancha todo el paisaje se distorsionaba hasta que se lo tragaba y lo volvía a escupir. Diferente. Mi cuentakilómetros marcaba 100-120 más o menos y esa cosa tenía que venir al doble y por mi carril. ¡Ibamos a chocar de frente!...
Alguien entra al bar, mira a los jugadores con displicencia y sigue hacia la barra. – Jefe; en un vaso póngame dos de grappa y una de anís. Sin hielo.
Se acoda en el mostrador y fija su mirada en la ventana que está detrás de la mesa de truco, perdiendo su vista en la lluvia. En la mesa se reanuda la conversación.
- ¿Y?
- No sabía qué hacer, pensé que el que conducía eso tenía que estar loco o drogado o algo así. Cuando estabamos como a 200 metros vi que era un Fusca; un maldito Fusca y me tenté; si esa mierda se pega contra esto se hace más mierda. Me agazapé en el volante con los dientes apretados. 150 metros, 100 metros... me asusté. El coche se me vino encima. Se iba a meter por el parabrisas.
Se me aflojaron las piernas y sentí el pichí bajar por los pantalones. Podía ver la matrícula delante de mis ojos, pude leerla. Entonces prendió unos faros de yodo y me encegueció, clavé los frenos, sentí un golpe y solté el volante. Creí que había muerto.
- ¿Y que pasó?
- Nada; como si no hubiese pasado nada.
- Pero si viste la matrícula, ¿porqué no lo denunciaste?
- Porque no tenía números, llevaba una consigna, un lema: “buscar y destruir”.
- Vos no fuiste el único, varios tuvieron historias similares, solo que llevo tiempo saberlo, nadie se animaba a contarlo. ¿Te acordás?
- Yo no creía en esas historias. Me reía. Un día en pleno invierno, hacía un frío de novela y el viento cortaba la cara. Estaba atrasado y traía el acelerador pegado el piso. En la parada a la altura de la Española, en el 22 y medio, había una viejita. Yo la conocía, siempre tomaba el ómnibus a esa hora. ¿Saben por qué la conocía? Porque siempre tenía que ayudarla a subir y perdía como cinco minutos para hacerlo. La doña se desarmaba haciendo señas. Así queme hice el pelotudo y pasé expreso sin mirarla. Dos o tres paradas después, estaba ella ahí de vuelta haciendo ademanes, creí que eran visiones; seguí sin darle bola. Al rato lo mismo y ya me entre a calentar, alguien me estaba tomando el pelo. En la siguiente un tipo. Paro. Abro la puerta. ¡Y sube la vieja, no entendía nada! Cuando miro buscando al que iba a subir me sonó toda la cara como si me hubieran dado un cascotazo. Sentí que cortaba un boleto y se lo daba a la señora que estaba asombrada. – Cada vez que dejés a la gente de a pie hijo de puta, te vas a acordar de mí. Y si no lo hacés voy a volver y te voy a repetir la dosis para refrescarte la memoria.- me dijo. Se bajó antes que pudiera cerrar la puerta. Reaccioné al ver en el espejo que el ojo me había quedado como una pasa de uva y al sentir que todo el pasaje aplaudía, reía y silbaba.
- ¡Que hijo de puta!
El hombre de la barra tose, carraspea. Todos lo miran, hace un gesto de disculpa y con otro los invita a continuar, mirando hacia otro lado.
- Lo terrible es que eso mismo que te hizo a vos se lo hizo a muchos. Un día con Jaimito y Pepe salimos a buscarlo. Tenías que vernos a las tres de la mañana: tres ómnibus en fila tocando la bocina a 100 kilómetros por hora, estuvimos un rato y ya íbamos a darnos por vencidos, se nos había pasado la calentura. El Fusca nos pasó como postes, aminoró y nos esperó, cuando lo alcanzamos sacó el brazo por la ventanilla y levantó “el dedito mayor”. ¡Cómo me puse cuando vi ese dedito! Les avisé a los muchachos con los señaleros y nos pusimos en posición, como habíamos acordado. Lo alcanzamos, nos pusimos uno a cada lado, y Jaimito le pegó de atrás hasta que empezó a sarandearse y Pepe y yo lo apretamos como una sardina. Los crujidos de la chapa eran terribles. ¡Que susto le dimos! Lo estabamos aplastando y echaba chispas por todos lados y cuando lo esperaba el golpe final llegamos a la curva donde Gianattasio se junta con Av. De las Américas. Ahí el sorete aceleró y se tiró a la izquierda, al cantero, perdió el control cuando quiso dar una vuelta de 180 grados. Dio un coletazo y arrancó limpito el pilar de un cartel de señalización; se pegó de costado contra las barandas de contención y se empezó a prender fuego. Se mandó derecho por la calle de tierra contra los autos que había en la puerta de la discoteca. Nosotros dimos la vuelta y como vimos que no podíamos pasar por ese hueco nos dividimos para esperarlo en alguna otra salida, pero lo perdimos.
El hombre de la barra le hace gestos al dueño del bar preguntándole si son locos; el dueño se encoge de hombros y con el puño cerrado, su pulgar extendido, le da su teoría de cómo están.
- Esto que les voy a contar no lo sabe nadie pero yo estuve dentro de esa máquina.
- ¡Dejáte de pavadas!
- ¡Es verdad! Lo juro por mi madre que está en el cielo. - dice persignándose – Una noche salía de entregar la recaudación y me iba para casa. Sabía que faltaban cinco minutos para que viniera Jorge, que pasaba con el coche 311; él vive cerca de casa y siempre me arrimaba. Un coche negro se detuvo a mi lado, no lo conocía, pero me di cuenta que era el Fusca negro. Era un color negro metalizado, insondable, la carrocería respiraba pausadamente, babeante. Más que un auto parecía un animal. Una pantera negra. Se abrió la puerta y un tipo vestido de negro, con casco, me dijo que me subiera; más bien me lo ordenó. Así lo hice. Algo reptaba por mi cuerpo, era el cinturón de seguridad que se ajustaba solo. Todo estaba iluminado por una tenue luz rojiza y los vidrios negros eran inescrutables. Te reflejaban en ellos como si estuvieras en un abismo; miré la aguja y estabamos arriba de los 100 entonces me miró diciendo: “me contaron que a vos te gusta andar rápido y tirarte con el ómnibus encima de cualquier auto chico que se te cruce, bueno, vamos a ver que se siente cuando es al revés.” Prendió unas luces potentísimas y vimos encima nuestro un Leyland. No sentimos el golpe ni ningún ruido. Sólo vi cómo le arrancaba el costado arrugándoselo como si fuera manteca. El Fusca ni siquiera vibró, daba escalofríos. Después no sé qué ocurrió porque cuando desperté estaba de vuelta en la parada.
- ¡Ja, ja, ja! ¡Eso es lo más estúpido que he escuchado en mi vida! - Dice el de la barra levantándose del taburete.
Se acerca a la mesa mirándolos. Les habla cara a cara.
- Creo que no conozco un solo auto capaz de saltar por sí mismo. No recuerdo tampoco, que nunca alguno de ustedes haya tenido los huevos para perseguirme y jamás en mi vida me vestí de negro.
Se da media vuelta y se va por donde llegó. No se escucha una palabra. Lo único que testifica que el tiempo sigue corriendo es la lluvia que no para de caer y el ruido de un motor alejándose.